• ¡QUÉ SE ME VIENE EL CIELO ENCIMA!

    Que el cielo se viene encima!      

     
    Una gallina estaba picoteando al pie de una encina, cuando de pronto le cayó una bellota en la cresta. Se asustó y echó a correr.
    Corriendo, corriendo, se tropezó con el gallo, que le dijo:
    -¿Dónde vas tan de prisa, comadre?
    -¡Que el cielo se viene encima!
    -¿Y quién te lo ha dicho?
    -¡Que ya me dio en la crestina!
    -¡Pues vámonos! -dijo el gallo, y juntos siguieron a todo meter. Corriendo, corriendo, tropezaron con la zorra, que les dice:
    -¿Adónde van ustedes tan de prisa?
    Y contesta el gallo:
    -¡Que el cielo se viene encima!
    -¿Y quién se lo ha dicho? 
    -Mi comadre la gallina.
    -¿Y a usted, señora gallina?
    -¡Que ya me dio en la crestina!
    -¡Pues vámonos de aquí! -dijo la zorra, y se unió a los otros. Iban los tres que no se les veía, y corriendo, corriendo, tropezaron con el lobo. Dice el lobo:
    -¿Adónde va usted, comadre zorra?
    Y le contesta la zorra:
    -¡Que el cielo se viene encima!
    -Y quién se lo ha dicho?
    -Mi compadre el gallo.
    -,Y a usted, señor gallo?
    -Mi comadre la gallina.
    -Y a usted, señora gallina?
    -¡Que ya me dio en la crestina!
    -¡Pues vámonos de aquí! -dijo el lobo, y los cuatro siguieron corriendo.
  • BLANCAFLOR, LA HIJA DEL DIABLO

    blancaflorBlancaflor es una leyenda del sur de la Península Ibérica sobre la hija pequeña del diablo similar en temática a la leyenda griega de Medea.En ocasiones, también se confunde erróneamente con el cuento de Blancanieves.

    Los reyes de un país muy lejano, desesperados por no poder tener hijos, rezan por tener descendencia (en algunas versiones, incluso llegan a hacer la promesa de entregárselo al diablo cuando cumpla veinte años si se les concede el favor).

    Tiene a un hijo hermoso y generoso, pero le debe su alma con el diablo, bien sea por la promesa de sus padres, bien por resultar un jugador empedernido. El diablo promete restituirle su antigua vida si realiza tres encargos que le impondrá. Una anciana a la que ayuda de camino al castillo de Irás y no Volverás, donde habita el diablo, le da un truco para superar las tareas: antes de llegar al castillo hay un río donde se bañan las hijas del diablo. Debe esconder la ropa de la pequeña, de nombre Blancaflor, y no dársela hasta que le prometa ayudarlo.

    Siguiendo las instrucciones de la anciana consigue la ayuda de Blancaflor tras prometerle matrimonio. Gracias a ella logra superar las tres tareas:

    • Allanar una ladera, sembar trigo y hacer pan para el diablo en un solo día.
    • Allanar una montaña, sembrar cepas y hacer vino.
    • Recuperar un anillo perdido en el Estrecho de Gibraltar

    El diablo enfadado por su derrota y porque el muchacho vaya a desposar a su hija trata de matarlo, pero ambos huyen al país natal del príncipe. Una vez allí, el futuro monarca olvida todo lo ocurrido y se promete con otra. Blancaflor está a punto de suicidarse con una piedra de dolor y un cuchillo de amor, cuando el príncipe, que asiste al coloquio de Blancaflor con estos objetos empieza a recordar todo lo ocurrido y la detiene en el último momento para casarse con ella.

  • EL CASTILLO DE IRÁS Y NO VOLVERÁS

    castilloÉrase que se era un pobrecito pescador que vivía en una choza miserable acompañado de su mujer y tres hijos, y sin más bienes de fortuna que una red remendada por cien sitios, una caña larga, su aparejo y su anzuelo.
    Una mañana, muy temprano, salió el pescador camino de la playa con el estómago vacío, la cabeza baja, descorazonado, y cargado con los trebejos de pescar.
    A medida que andaba, el cielo se iba ennegreciendo y cuando llegó al lugar donde acostumbraba a pescar observó que se había desencadenado una horrorosa tempestad.
    Pero el infeliz pescador no pensaba más que en sus hijos y en su esposa, que ya hacía dos días que no probaban bocado, por lo que, sin hacer caso de la lluvia que le empapaba, ni del viento que le azotaba, ni de los relámpagos que le cegaban, armó la red y la echó al mar.
    Y cuando fue a sacarla, la red pesaba como si estuviese cargada de plomo; por lo que el pescador tiró de ella con todas sus fuerzas, sudando a pesar del viento y de la lluvia, latiéndole el corazón de alegría al pensar que aquel día su familia no se acostaría sin cenar, como en tantas otras ocasiones.
    Finalmente, con la ayuda de Dios y de la Virgen del Carmen, a la que imploró, viendo que le faltaban las fuerzas, el pescador consiguió aupar la red, viendo que en su interior no había más que un pez muy chiquito pero gordito, cuyas escamas eran de oro y plata.
  • EL ZAPATERO Y EL SASTRE

     

    zapateroHabía una vez un zapatero que debía dinero a todos los vecinos del pueblo. A uno cincuenta reales, a otro ochenta, a otro cien... De modo que, aunque hubiera tenido siete vidas como los gatos, no hubiera podido pagarles a todos, ni remendando ni echándoles medias suelas a los zapatos de todos los hijos y nietos de sus acreedores. Al que menos dinero le debía era a un sastre, que le debía solamente un real.
    Le apremiaban tanto las personas a las que debía dinero, que un día le dijo a su mujer:
    -No puedo pagar de ninguna manera. Así que lo mejor que puedo hacer es morirme. Con eso, me perdonarán lo que les debo.
    Pero, claro, él lo que quería decir era morirse de mentirijilla. Vamos, hacerle creer a todo el mundo que se había muerto y escaparse del pueblo en cuanto pudiera. Bueno, pues se hizo el muerto y su mujer fue diciéndolo por todas partes, llorando y todo. ¿Qué iba a hacer la gente? A ver qué remedio: perdonarle las deudas, y acompañarlo hasta la iglesia aquella noche, y al día siguiente hasta el cementerio.
  • EN BUSCA DEL CUERPO PERDIDO

     

    Por Estrella Ortiz,

     Publicado en la web de AEDA, Asociación de Profesionales de la Narración Oral en España, el pasado 29 de Febrero de 2016.

    Hace unos cuantos años apunté este texto tradicional en mi cuaderno:


    contar con la poesíaCuatro naranjitas hay en mi mesa.

    Me ha dicho la señora que coja ésta.

    Tres naranjitas hay en mi mesa.

    Me ha dicho la señora que coja ésta.

    Dos naranjitas hay en mi mesa.

    Me ha dicho la señora que coja ésta.

    Una naranjita hay en mi mesa.

    Me ha dicho la señora que coja ésta.

    Ninguna naranjita hay en mi mesa.

    Me ha dicho la señora que friegue la mesa.

  • LA DONCELLA GUERRERA

     

    doncella guerrera

    Para escuchar mientras lees spotify

     

     

    En Sevilla a un sevillano
    siete hijas le dio Dios,
    todas siete fueron hembras
    y ninguna fue varón.

    A la más chiquita de ellas
    le llevó la inclinación
    de ir a servir a la guerra
    vestidita de varón.

    Al montar en el caballo
    la espada se le cayó;
    por decir, maldita sea,
    dijo: maldita sea yo.

    El Rey que la estaba oyendo,
    de amores se cautivó,
    —Madre los ojos de Marcos
    son de hembra, no de varón.
    —Convídala tú, hijo mío,
    a los rios a nadar,
    que si ella fuese hembra
    no se querrá desnudar.

  • LA PAVERA

    La pavera .122pavera

     
    122. Cuento popular castellano
     
    Éste era un rey que tenía tres hijas. Y dice un día a su mujer:
    -Voy a ver quién de las tres hijas me quiere más.
    Las llamó y las dijo:
    -A ver quién me quiere más.
    La primera dice:
    -Como a mi vida.
    La segunda:
    -Como a mi alma.
    Y la más pequeña le dijo que como la sal al agua. Y entonces el padre la dice:
    -¡Ingratona! Tú no me quieres. ¡Márchate de casa!
    Recogió la ropa y se marchó. Y llega a un pueblo y pide po­sada. La dice a la dueña si encontraría ella donde servir. Y la en­señó a una casa. Se fue para allá y la dice la dueña que era pe­queña; pero un hijo que estaba allí la dijo que la cogería aunque fuera para ir con los pavos. Y la madre aceztó.
    Fue con los pavos. Y una vez en el campo se arrimaba a una fuente, se peinaba y se lavaba. Se quitaba el vestido de encima y se quedaba con uno lleno de perlas. Y les decía a los pavos:
    -¡Pavín, pavin! Si me vería el hijo del rey, ¿se enamoraría de mí?
    Y los pavos contestan:
  • LAS TRES NARANJAS DEL AMOR

     

     
    tres naranjasÉrase que se era un rey muy viejo que tenía un solo hijo, al que debía casar antes de morirse. Pero el príncipe, aunque quería complacer a su padre, estaba muy triste, porque no encontraba ninguna mujer que le gustara para casarse. Un día, estando lavándose en sus habitaciones, fue y tiró el agua sucia por un balcón, con tan mala suerte, que fue a caerle a una gitana que pasaba por allí. Entonces la gitana le echó una maldición:
    -Ojalá te seques antes de que encuentres las tres naranjitas del amor.
    Esto le causó mucha impresión al príncipe, que se lo contó a su padre. Decidieron entonces consultar con una hechicera, porque el príncipe estaba cada día más triste. La hechicera, cuando conoció la maldición, dijo:
    -Eso es que el príncipe tiene que encontrar novia, y para eso ha de ir muy lejos, muy lejos, a donde hay un jardín con muchos naranjos. Guardándolo hay tres perros rabiosos, que tendrá que vencer. Luego buscará uno de los naranjos, que solo tiene tres naranjas, y, sin subirse a él, las cogerá de un salto, porque, si no, no saldría nunca del jardín. Cuando tenga las tres naranjas, que se vuelva a casa.
  • MARIQUILLA RIEPERLAS

     

     CENICIENTA

    Para escuchar mientras lees... 

    "La cenerentola". Rossini spotify

     

    Cuentan que un pobre campesino se quedó viudo al nacer su única hija.

    Ésta, a la que pusieron de nombre Mariquilla, resultó ser guapísima. La más guapa del pueblo, sin la menor duda. El hombre estaba con ella como Mateo con la guitarra, pues en su pobreza se aliviaba de ver aquella hermosura.

    Enfrente de ellos vivía doña Patro, una ricachona gorda y con bigotes, que también se había quedado viuda. Tenía una hija de la misma edad que Mariquilla, pero más fea que Picio. Cada vez que Mariquilla pasaba por su puerta, la llamaba para darle alguna golosina, y le decía:

    -¡Hay que ver cómo te tiene tu padre! Con lo linda que eres y con ese vestido tan viejo y esos zapatos tan rotos. A tu padre le convenía casarse.