• EL LAÚD MARAVILLOSO

    Alhambra

     

    Escucha mientras lees "La Rosa de la Alhambra" de Eduardo Paniaguaspotify

    La torre de las Infantas, residencia en otro tiem­po de las tres encantadoras princesas moras Zay­da, Zorayda y Zorahayda, estaba abandonada. Este abandono obedecía a que nadie se atrevía a habitarla, ya que, según se decía, la sombra de la joven Zorahayda, que murió en ella, se aparecía a la luz de la luna, junto a la fuente de la sala, tocan­do su laúd maravilloso.

    Pero llegó un buen día en que una señora llama­da Fredegunda se fue a vivir a ella con su sobrina Jacinta, muchacha huérfana y muy bella, a la que se llamó «la Rosa de la Alhambra». Su tía no le permitía salir jamás de aquella torre y en ella se consumía su juventud. Cierto día que paseaba por la Alhambra Ruiz de Alarcón, el paje favorito de los Reyes, con el hal­cón preferido de la Reina, advirtió que el ave de presa, al ver un pájaro sobre un árbol, se lanzó en su persecución. El joven siguió al pájaro en su vuelo, hasta que lo vio posarse en la alta torre de las Infantas. Creyéndola deshabitada, se dirigió hacia ella e intentó buscar alguna portezuela por donde poder entrar.

    Cuando lo estaba intentando, vio aparecer por una ventana un hermoso rostro de una muchacha, que desapareció en seguida. Esperó, para ver si podía verlo de nuevo, pero fue en vano; entonces se decidió a llamar a la puerta. Al poco tiempo apareció aquel rostro encantador en la ventana.

    -¿Qué deseáis? -dijo.

    -Quisiera subir a la torre para coger mi halcón, que está posado en lo más alto -contestó el paje.

    -Perdonad, señor, que no os abra la puerta; mi tía me lo tiene prohibido.

  • EL ZAPATERO Y EL SASTRE

     

    zapateroHabía una vez un zapatero que debía dinero a todos los vecinos del pueblo. A uno cincuenta reales, a otro ochenta, a otro cien... De modo que, aunque hubiera tenido siete vidas como los gatos, no hubiera podido pagarles a todos, ni remendando ni echándoles medias suelas a los zapatos de todos los hijos y nietos de sus acreedores. Al que menos dinero le debía era a un sastre, que le debía solamente un real.
    Le apremiaban tanto las personas a las que debía dinero, que un día le dijo a su mujer:
    -No puedo pagar de ninguna manera. Así que lo mejor que puedo hacer es morirme. Con eso, me perdonarán lo que les debo.
    Pero, claro, él lo que quería decir era morirse de mentirijilla. Vamos, hacerle creer a todo el mundo que se había muerto y escaparse del pueblo en cuanto pudiera. Bueno, pues se hizo el muerto y su mujer fue diciéndolo por todas partes, llorando y todo. ¿Qué iba a hacer la gente? A ver qué remedio: perdonarle las deudas, y acompañarlo hasta la iglesia aquella noche, y al día siguiente hasta el cementerio.
  • MARIQUILLA RIEPERLAS

     

     CENICIENTA

    Para escuchar mientras lees... 

    "La cenerentola". Rossini spotify

     

    Cuentan que un pobre campesino se quedó viudo al nacer su única hija.

    Ésta, a la que pusieron de nombre Mariquilla, resultó ser guapísima. La más guapa del pueblo, sin la menor duda. El hombre estaba con ella como Mateo con la guitarra, pues en su pobreza se aliviaba de ver aquella hermosura.

    Enfrente de ellos vivía doña Patro, una ricachona gorda y con bigotes, que también se había quedado viuda. Tenía una hija de la misma edad que Mariquilla, pero más fea que Picio. Cada vez que Mariquilla pasaba por su puerta, la llamaba para darle alguna golosina, y le decía:

    -¡Hay que ver cómo te tiene tu padre! Con lo linda que eres y con ese vestido tan viejo y esos zapatos tan rotos. A tu padre le convenía casarse.

  • ROMANCE TRADICIONAL "CANCIÓN NUEVA DE ABELARDO Y ELOÍSA"

     

    romance abelardo y eloisa
    Pedro Abelardo nació el año 1079 en Palais, pueblo de Francia, de corla consideración, en la provincia do Bretaña, de familia distinguida. Su educación fue correspondiente á su calidad. Pasados los años de la niñez, su padre Berenguer le quiso destinar á las armas, mas su madre Lucia se opuso á ello. Aplicóse á las bellas letras con tanta ventaja, que en breve tiempo excedió á sus maestros. Su talento fue universal: aprendió latín, griego y hebreo: hízose grande orador, escelente filósofo, teólogo y jurisconsulto. El deseo de conocer i los más famosos literatos de la época, le llevó á París contra la voluntad de sus padres. En aquella capital hizo grandes adelantamientos, que le acarrearon muchos émulos y enemigos. El escesivo ardor al estudio debilitó su salud, obligándole á tomar los aires nativos. Recobrado ya, volvió á París, y allí se dedicó de nuevo en la enseñanza dé las Santas Escrituras, para cuyo efecto obtuvo un canonicato de aquella catedral, que le obligó á recibir las órdenes menores. Noticioso por este tiempo de que otro canónigo llamado Fulberto, tenia consigo una sobrina de talento y prendas muy aventajadas, que la fama por todas partes estendia, fué á estar con él y suplicarle que le dejara oír y hablar á tan celebré señorita. Amábala tiernamente el canónigo y hacia con ella oficios dé padre (pues era huérfana desde su niñez), y como si estuviese ufano de la educación que la habia dado, y de lo bien aprovechada que había sido, accedió gustoso á la solicitud de tan famoso sugeto.