Cuentos

EL ZAPATERO Y EL SASTRE

 

zapateroHabía una vez un zapatero que debía dinero a todos los vecinos del pueblo. A uno cincuenta reales, a otro ochenta, a otro cien... De modo que, aunque hubiera tenido siete vidas como los gatos, no hubiera podido pagarles a todos, ni remendando ni echándoles medias suelas a los zapatos de todos los hijos y nietos de sus acreedores. Al que menos dinero le debía era a un sastre, que le debía solamente un real.
Le apremiaban tanto las personas a las que debía dinero, que un día le dijo a su mujer:
-No puedo pagar de ninguna manera. Así que lo mejor que puedo hacer es morirme. Con eso, me perdonarán lo que les debo.
Pero, claro, él lo que quería decir era morirse de mentirijilla. Vamos, hacerle creer a todo el mundo que se había muerto y escaparse del pueblo en cuanto pudiera. Bueno, pues se hizo el muerto y su mujer fue diciéndolo por todas partes, llorando y todo. ¿Qué iba a hacer la gente? A ver qué remedio: perdonarle las deudas, y acompañarlo hasta la iglesia aquella noche, y al día siguiente hasta el cementerio.

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EL CASTILLO DE IRÁS Y NO VOLVERÁS

castilloÉrase que se era un pobrecito pescador que vivía en una choza miserable acompañado de su mujer y tres hijos, y sin más bienes de fortuna que una red remendada por cien sitios, una caña larga, su aparejo y su anzuelo.
Una mañana, muy temprano, salió el pescador camino de la playa con el estómago vacío, la cabeza baja, descorazonado, y cargado con los trebejos de pescar.
A medida que andaba, el cielo se iba ennegreciendo y cuando llegó al lugar donde acostumbraba a pescar observó que se había desencadenado una horrorosa tempestad.
Pero el infeliz pescador no pensaba más que en sus hijos y en su esposa, que ya hacía dos días que no probaban bocado, por lo que, sin hacer caso de la lluvia que le empapaba, ni del viento que le azotaba, ni de los relámpagos que le cegaban, armó la red y la echó al mar.
Y cuando fue a sacarla, la red pesaba como si estuviese cargada de plomo; por lo que el pescador tiró de ella con todas sus fuerzas, sudando a pesar del viento y de la lluvia, latiéndole el corazón de alegría al pensar que aquel día su familia no se acostaría sin cenar, como en tantas otras ocasiones.
Finalmente, con la ayuda de Dios y de la Virgen del Carmen, a la que imploró, viendo que le faltaban las fuerzas, el pescador consiguió aupar la red, viendo que en su interior no había más que un pez muy chiquito pero gordito, cuyas escamas eran de oro y plata.

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LAS TRES NARANJAS DEL AMOR

 

 
tres naranjasÉrase que se era un rey muy viejo que tenía un solo hijo, al que debía casar antes de morirse. Pero el príncipe, aunque quería complacer a su padre, estaba muy triste, porque no encontraba ninguna mujer que le gustara para casarse. Un día, estando lavándose en sus habitaciones, fue y tiró el agua sucia por un balcón, con tan mala suerte, que fue a caerle a una gitana que pasaba por allí. Entonces la gitana le echó una maldición:
-Ojalá te seques antes de que encuentres las tres naranjitas del amor.
Esto le causó mucha impresión al príncipe, que se lo contó a su padre. Decidieron entonces consultar con una hechicera, porque el príncipe estaba cada día más triste. La hechicera, cuando conoció la maldición, dijo:
-Eso es que el príncipe tiene que encontrar novia, y para eso ha de ir muy lejos, muy lejos, a donde hay un jardín con muchos naranjos. Guardándolo hay tres perros rabiosos, que tendrá que vencer. Luego buscará uno de los naranjos, que solo tiene tres naranjas, y, sin subirse a él, las cogerá de un salto, porque, si no, no saldría nunca del jardín. Cuando tenga las tres naranjas, que se vuelva a casa.

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