Los cuentos de hadas no son tan sencillos como a primera vista pueda parecer. Tendemos a simplificar las historias en general limitándolas a alguna historia de príncipes y princesas que acaba con un príncipe azul salvando a la princesa/campesina/pobre hija de un rey o lo que toque. Lo cierto es que los cuentos de hadas son mucho más complejos, no solo porque hay cuentos sobre muchas más cosas (no todos son historias de príncipes azules) y porque estas historias servían tradicionalmente para contar ‘los hechos de la vida’. Los cuentos eran una especie de manera de enseñar que podían pasar muchas cosas y que había que saber estar alerta ante ellas.

A todo esto, hay que sumar que los cuentos de hadas poco tienen que ver con las pelis Disney que los han adaptado. Y eso pasa hasta con los cuentos de hadas que tienen detrás a un escritor y que nacieron simplemente para entretener, como ocurre con La Bella y la Bestia, como con aquellos que pertenecen a la literatura oral. Los cuentos que recopilaron los hermanos Grimm eran mucho más gore y escandalosos que las versiones que ahora leemos. Los propios hermanos suavizaron la narración a partir de la segunda edición de los cuentos y la época victoriana, que los convirtió en historias para niños, les metió mucha moralina y lavado de cara. Los originales eran mucho más oscuros.

Y con todo esto los cuentos de hadas han tocado muchos temas y sirven para presentar muchas realidades, como puede ser la muerte. En los cuentos de hadas se muere muchísima gente y se pueden encontrar muchos comportamientos ante la muerte. De hecho, como apuntaba un estudio que se publicaba en el British Medical Journal hace un año, los padres como personajes tienen muchas más probabilidades de morir en una de estas historias que en ningún otro tipo de historia. El estudio comparaba el ratio de muerte en los cuentos de hadas cinematográficos frente a las películas dramáticas para adultos y llegó a la conclusión de que en las películas para niños los padres tienen 5 veces más posibilidades de morir que en las otras.

Además, la muerte no es suavizada ni tamizada. En los primeros minutos de película, los padres ‘caen como moscas’.   Si esto ocurre es una herencia de lo que ocurre en los cuentos de hadas y una muestra de cómo los cuentos funcionaban como elementos para conocer el mundo que rodeaba a quien los escuchaba: en un mundo en el que el ratio de mortalidad era tan elevado como en el que nacieron estas historias, los cuentos servían para contar una de las verdades de la vida.

A esto se suma que la muerte puede funcionar como un elemento que reafirma ciertos puntos de la historia. En los cuentos de hadas, la muerte se presentaba, como apuntan en este análisis, en dos niveles. Por un lado, era una especie de justo castigo y un elemento que daba la lección moral definitiva (las malvadas madrastras acababan muertas… y algunas haciéndolo de una forma tan terrible como bailando con unos zapatos que había sido puestos al rojo vivo en las llamas). Por otro, era un elemento reversible, como ocurre con todos aquellos que han sido salvados de la ‘barriga del lobo’.

¿PUEDEN SER LOS CUENTOS DE HADAS UNA MANERA DE LIDIAR CON LA MUERTE?