Los cuentos de hadas no son tan sencillos como a primera vista pueda parecer. Tendemos a simplificar las historias en general limitándolas a alguna historia de príncipes y princesas que acaba con un príncipe azul salvando a la princesa/campesina/pobre hija de un rey o lo que toque. Lo cierto es que los cuentos de hadas son mucho más complejos, no solo porque hay cuentos sobre muchas más cosas (no todos son historias de príncipes azules) y porque estas historias servían tradicionalmente para contar ‘los hechos de la vida’. Los cuentos eran una especie de manera de enseñar que podían pasar muchas cosas y que había que saber estar alerta ante ellas.

A todo esto, hay que sumar que los cuentos de hadas poco tienen que ver con las pelis Disney que los han adaptado. Y eso pasa hasta con los cuentos de hadas que tienen detrás a un escritor y que nacieron simplemente para entretener, como ocurre con La Bella y la Bestia, como con aquellos que pertenecen a la literatura oral. Los cuentos que recopilaron los hermanos Grimm eran mucho más gore y escandalosos que las versiones que ahora leemos. Los propios hermanos suavizaron la narración a partir de la segunda edición de los cuentos y la época victoriana, que los convirtió en historias para niños, les metió mucha moralina y lavado de cara. Los originales eran mucho más oscuros.

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